miércoles, 9 de mayo de 2007

Sunshine


No había leído ninguna crítica, así que fui virgen a verla. Sólo sabía vagamente de qué iba, me sonaba a Alien y me temía que fuera demasiado claustrofóbica. Pero en ese sentido no estuvo mal.

Hay pocos metros cuadrados útiles en la nave, pero en este caso, mejor iluminados. Como en Alien, ese agobio sirve de apoyo a la tensión psicológica, más compleja en Sunshine: no hay democracia ni mando militar en el Icarus 2, las decisiones las toma sólo el especialista en cada campo, siguiendo un protocolo muy estricto. Y aunque se analizan con una lógica fría y aplastante, la responsabilidad pesa como una losa en el pecho, también en el espectador: antes y después de cagarla. Hay que tomar partido y hacer juegos malabares con los escrúpulos, que se ondulan como las ruffles de Matutano. Ni un respiro.

El grupo está muy equilibrado, con una buena presencia oriental, muy zen ellos, pero sin el negro que se muere, ¿o sí?. La chica guapa tiene un papel bastante cortito. Pero atención al psicólogo del equipo: un figura el tío.

Sin embargo, el malo malo (cada miembro de la tripulación es malo a su manera, pero en el fondo se sigue el esquema clásico) no está a la altura del monstruo babeante de Alien, esto es una cuestión emocional a estas alturas. Lo mismo ocurre con el ordenador de a bordo, muy diligente y femenino, pero nada que ver con la serena y elegante mala leche de Hal 9000. Las imágenes y los planos están muy conseguidos, ni blancos como en 2001 ni negros como en Alien. Hacen fuegos de artificio con los colores de los ojos del protagonista y los reflejos amarillos. También mola el verde del invernadero.

Y bueno, en general merece la pena verla. Se pasa rápido. No os olvidéis las gafas de sol.

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